Siguiendo con sus experimentos, Luca hizo un pan de yuca (o mandioca) que le quedó bueno, bueno (¡esta vez sí!).
Yo no recuerdo haber comido yuca antes. Queda como una especie de patata.
Y el día de Sant Joan, Luca preparó una cena... no, ¡una cenaza de lujo!
En el balconcito que tenemos, con los fuegos artificiales de fondo, en la noche más corta del año, empezó el desfile de platos (acompañados por un vermouth muy bueno que le habían regalado):
- Primero cozze gratinate (mejillones gratinados).
- Luego unas gambas de Palamós a la plancha con ajo y perejil.
- Después vongole alla marinara (almejas a la marinera).
- Y para acabar, la coca de Sant Joan, ¡claro! Una comprada y la otra hecha en casa.
Vamos, ¡una perfecta velada!
Y ahora toca unos días de vacaciones fuera. Cambiar de aires (que apetece mucho tras el confinamiento), desconectar, descansar, pasear, visitar... ¡y comer!






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