No nos dio tiempo ver la Camarga cuando fuimos a Provenza, y este verano en el último momento nos decidimos a ir. Montpellier, La Camargue, Avignon y Nîmes. Un buen viaje, no había mucho turismo, y estuvimos tan bien que los 5 días iniciales se convirtieron en 7. Como dice mi compi de trabajo Jessica, "La France nunca decepciona". ¡Y su cocina tampoco!
Empezamos en Montpellier con una crêpe. O mejor dicho, una galette, que es como un crêpe pero finita, tostadita y cerrada con un relleno. ¡Riquisima! Acompañada con una sidra, y de postre sí, una crêpe sucrée.
Para los desayunos solíamos hacer el típico tópico de café (o café au lait) et croissant.
Otro descubrimiento fue el vino Sable de Camargue:
Y claro, no podíamos pasar por la Camarga sin pedir un plato de coquillage. Y de hecho ahí comí ¡mis primeras otras! Aunque a mi padre le encantan, yo nunca las había probado. ¡Y me gustaron! No es mi comida favorita (al menos tras esta primera vez), pero bien, bien.
![]() |
| Luca ya había tenido el gusto... |
![]() |
| Unos mejillones gratinados, grandes, sencillos y sabrosos. |
Otro plato típico de la zona es el gardianne de taureau (un potaje de toro de Camarga).
De postre probamos el babà napoletano de allí, que curiosamente vimos en varios sitios. No era exactamente como el original, pero estaba muy bueno también.
Y sólo tenían un postre, pero muy bueno: manzana en una crêpe, con un toque especial, muy bueno.
Parece que por allí eran típicos los chichis calientes... Luca y yo no los llegamos a probar.
En Camarga teníamos el hotel cerca de Saintes-Maries-de-la-Mer, estuvimos muy bien, cada mañana con un desayuno tranquilo al solecito matutino.
Hicimos una excursión en bici, y nos paramos en una de las playas. Nos mojamos un poco los pies, ¡y empezamos a encontrar tellerinas!
Aparte de que muchas eran muy pequeñas, no teníamos dónde cocinarlas (¡ooooooooohhhhh!), así que después de distraernos un buen rato recogiéndolas, las devolvimos al mar.
Pero por la noche fuimos directos a buscar un sitio que hicieran tellines. Por lo que vimos, suele hacerse con all-i-oli, que no están mal. Y claro, aprovechamos para pedir más cosillas...
Cuando llegamos a Nîmes fuimos a cenar cerca del hotel, y estuvo muy bien. Menos el arroz, que estaba un poco pasado (el dueño estuvo de acuerdo), pero el resto estaba delicioso.
Los postres eran obras de arte, y además muy sabrosos. Uno era de tres texturas de limón, y el otro nectarina al vino. ¡Brutales!
Durante esos días, no perdí la oportunidad de probar los escargots franceses. Estaban muy buenos. Conseguí que Luca "probara" un poco... creo que fue medio átomo... pero puso cara de salirle un alien del pecho, lo que interpreté como que no quería más...
¡Y por fin vimos cómo eran los chichis franceses! Aunque no probamos ninguno.
Encontramos varios sitios donde hacían paella, incluso "fideuà catalana"...
... pero aquí hacían "la verdadera paella española"...
En una de las comidas, el cocktel de bienvenida fue una "sangría de cava". La verdad es que no tenía mucho de sangría, pero ¡estaba buenísimo!
Y para cenar, un poco de japonés:










































Comentarios
Publicar un comentario