Después de las vacaciones, volvió la cocina en casa. Tanto la habitual como la especial para el libro de recetas.
Además ha sido mi cumple por medio, y tuvimos una comida con amigos.
Pero vamos por partes...
Una de las recetas para el libro es con fiori di zucca (o sciurilli, en napolitano) que son las flores de calabaza, aunque también se les llama así a las de calabacín (que son muy similares, y de hecho quizás más habituales).
Aquí son difíciles de encontrar, pero son muy usadas en la cocina italiana. Rellenas y rebozadas (fritas o al horno), sólo rebozadas, en tortilla, con pasta (¡cómo no!), en buñuelos, salteadas, en pizza (¡cómo no!)...
En el pueblo de Luca, incluso hacen una fiesta en agosto (la Sagra dei Schiurilli), donde todo lo que se come es con estas flores.
Y resulta que es mejor usar las flores masculinas, que se supone que son más grandes y con menos probabilidad de que amarguen un poco... ¡No tenía ni idea!
Pues Luca encontró un lugar en el mercado que tenía calabacines con la flor, pero la vendedora estaba muy ocupada con una llamada y le dijo que "la llamada me interesa más, y además todo esto es ya como si lo tuviera vendido". Pues nada... ¡una venta menos y un cliente menos!
Por suerte encontró otra parada, que además sus productos eran ecológicos. Preguntó si vendían las flores sin el calabacín y le dijeron que se las podían traer al día siguiente.
Fuimos a buscarlas, y eran flores femeninas (se ve que las masculinas no podían por no-sé-qué de que no se podían sacar porque entonces no se polinizaban las femeninas...
Total, que ya teníamos las flores, ¡bien!
Luca las hizo rellenas, y de dos tipos: a la napolitana (las de su receta), y a la romana. ¿Y qué diferencia hay? Pues el relleno. Las primeras con con ricotta, mortadella (también las hacen con jamón dulce/cocido) y pimienta, y las segundas con ricotta y alici (o sea, anchoas).
Luego se rebozan y se fríen. Luca quiso probar una receta que encontró para la masa del rebozado. Pero no le acabó de gustar cómo quedaban las flores así (¡a mí sí!).
Unos días después, encontró otro lugar donde vendían las flores (esta vez en otro mercado), y resultaron ser masculinas.
Y esta vez las hizo con su masa de rebozado (que es la receta de siempre de su hermana).
Había probado las flores en casa de la mamma, pero rellenas no. Y mamma mia!, ¡qué buenas!










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