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Primeros y segundos

El italiano en Italia.

Este agosto Luca fue a Italia a ver a su familia. Ha sido la vez que hemos estado más tiempo separados desde que vivimos juntos (hace más de 5 años).

Y claro... venga a enviarme fotos de las delicias italianas...

Empezó en el barco con una lasagna...


¡Y qué decir de la comida de la mamma!


Ditali con ceci.

Polpetta fritta con zucchine alla scapece.

Queso de cabra casero.

Limón de la Costiera Amalfitana, ideales para hacer limoncello, entre otras cosas.

Delizia al limone, típico de la Costiera Amalfitana.

Uno de los lugares más famosos de Nápoles para comprar una buena sfogliatella.

Capuccino con sfogliatella (uno de mis dulces napolitanos preferidos).

Parmigiana de calabacín. La parmigiana más típica es con berenjena.
De hecho, nunca he probado la de calabacín (ya se la he reclamado a Luca).




"Aloha" es una cadena que vende helados. Su especialidad son los helados de fruta. Están buenísimos.


En Italia el desayuno típico es un café o capuccino, con un croissant, que allí se llama cornetto. Lo de comer unas tostadas o un bocadillo, ni pensarlo. De hecho Luca al principio prácticamente se escandalizaba cuando veía a alguien desayunar ¡una tortilla y el café! Pero ahora se ha adaptado y hasta lo hace él también.


Y claro, el "café sólo" de aquí, allí no existe. Allí es un ristretto. Vamos, cuatro gotas de café, muy caliente... un sorbo (dos, como mucho). Ah, y siempre acompañada con un vasito de agua.

Y tampoco es usual lo de "sentarse a tomar un café", que para nosotros implica una charla mientras te vas tomando el café. Allí es muy común tomarlo directamente en la barra, de pie, el sorbo (o dos), y arrivederci.

¿Pero dónde está el café?

Vaya... aquí han puesto un poco más...
Igual habrá que quejarse...

Otro de los dulces típicos de Nápoles: el babà
 (como un bizcocho borracho en ron).


Curiosamente, allí la sandía (que se llama anguriacocomero melone rosso) es siempre la alargada. La típica de aquí esférica y oscura, no es nada común allí.


Otro plato típico es la pizza fritta (que ya comenté en esta entrada), como un calzone, pero un poco más pequeño y frito en vez de al horno. Y suele estar relleno de ricotta, mozzarella y mortadella. Y está para chuparse los dedos (literalmente, porque suele chorrear un poco al comerlo).

Luca me dijo que estaba mejor el que hace él. ¡Y me lo creo!


Luca tenía ganas de trufa, así que aprovechó para ir a un restaurante (al que habíamos ido varias veces, incluso con mis padres y con mis primos Ana, Carles y Marta), donde la mayor parte de platos son con trufa.

Carpaccio con funghi porcini, con trufa.

Fettuccine con tartufo (o sea trufa)

Quizás conoces la caprese, una ensalada con rodajas de mozzarella y de tomate, con albahaca, orégano, aceite de oliva y sal. Bien. Pues resulta que en Nápoles hay otra caprese, que no hay que confundir, porque se trata de un dulce de chocolate, almendras, mantequilla, azúcar y huevo (sin harina).

Capuccino con caprese.

Mientra tanto, en una de las visitas a mis padres, aprovecharon para hacer cosas que me gustan, y que Luca no come, por que no le gustan, porque no quiere ni probarlas, o porque le sientan mal... ¡Así que fue todo un festín para mí!

Sesos rebozados y judías verdes.

Carne de cordero a la brasa.

Y uno de los días yo me hice en casa un pollo con verduras, al horno, que me duró un par de días y me quedó muy bueno.


Y hubo un poco de todo, porque ¡hasta comí menú de hospital un día! La verdad es que no estaba mal...

Guisantes con jamón, revoltillo de huevo con judías, y un plátano.

Antes de regresar, Luca fue a Roma con una de sus hermanas y sus sobrinas. Y una de las comidas típicas es la pasta alla carbonara... ¡mmmmmmm!, ¡me encantaaaaaa!


Unas fiori di zucca (ya hablé de ellas en esta entrada).

Y en el barco de vuelta, Luca no se pudo resistir a pedirse una hamburguesa, patatas "de luxe" y Coca-Cola (zero)... Todo un banquete de fin de viaje...


De Amalfi me trajo una tacita para el café, muy chula, con tapita y todo.

El burro y el color típicos de la Costiera Amalfitana y Sorrentina.

Y la primera comida después del viaje fue... ¡una paella! Compramos una paellera pequeña, y fue la primera paella que hacemos (entre los dos) en esta casa desde que vivimos juntos.

Sí, debajo hay arroz...


Y para cenar, no encontró almejas, así que hizo unas navajas ¡buenísimas! 



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